Girbing Ayala es un guerrero en la cancha y fuera (El Nuevo Día/Julio 2012) 

Le pasan el balón y lo driblea a toda prisa acercándose al canasto. Se encuentra con una fuerte  defensa que lo obliga a pasar la bola, pero su compañero se la devuelve y entonces realiza el tiro certero.

Una mujer grita, ofrece instrucciones y camina de arriba a bajo fuera de la cancha siguiendo cada paso del jugador.  Es su fanática número uno, es su madre.

Griselle Encarnación García celebra cada juego de sus hijos Omalley y Girbing Ayala Encarnación como si los ganaran todos.

Sin embargo, hace poco más de un año, era otro el enfrentamiento que realizaba junto con uno de sus retoños, Girbing, cuando fue diagnosticado con  cáncer,  Hodgkin.

“Ese día estaban repartiendo las notas en el colegio y, usualmente, los nenes están libres. Se quedaron en casa ellos dos y cuando regreso del trabajo, el mayor mío me dice: ‘Mira  a ver qué haces con ‘Bumbin’ (como le dicen a Girbing) que se mareó y no puede respirar”, rememoró Griselle sobre el inicio de un fuerte proceso.

“Yo estaba haciéndome una tuna para comérmela y como que de repente me fui, me mareé. Me tuve que sentar en el piso. Después me paré y me volví a sentar en el mueble”, recordó el adolescente de 15 años sobre lo que sintió ese día.

  En el hospital  descubren que el menor tenía “unas manchas” que resultaron ser dos masas: una  detrás del corazón y otra en el bazo. Eran linfomas de Hodgkin. “Pensé que se me iba a morir, que no iba a durar mucho, pero gracias a Dios fui conociendo lo que era la enfermedad”, dijo la madre pausadamente mientras se le escapaban las lágrimas.

De inmediato comenzó el tratamiento que consistió en seis meses de quimioterapias y 14 radioterapias.

El pelo se le cayó a Girbing, pero el ánimo y el deseo de seguir practicando su deporte favorito, el baloncesto, nunca lo abandonó

“Estando en  quimioterapia él quería seguir yendo a la cancha. Hacía sus ejercicios, siguió con su vida normal”, cuenta la progenitora.

“Yo sentía, dentro del cuerpo, como dolor, (me sentía) agotado y cansado, pero le decía a mai: ‘Vamos pa’l juego’”, confesó el menor, quien no siente ningún efecto de su enfermedad, ni de su tratamiento. La madre dice que él se fatiga un poco.

La rápida recuperación del menor se la atribuye a que desde muy pequeño, Girbing, practica deportes.

“Empecé en karate cuando tenía siete años. Cuando tenía como 11 años me dio con meterme en baloncesto”, contó Girbing, quien participa del Jeep Basketball Junior Olimpics, auspiciado por Primera Hora, destacándose en el  equipo  Caparra Warriors  en la posición de delantero pequeño.